Mostrando entradas con la etiqueta aguafuertes escritas medio en serio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta aguafuertes escritas medio en serio. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de julio de 2008

La profesión del agujero en la media (ensayo)

por Raúl Nicolás Fernández

“Decir, yo he conocido, es decir: algo ha muerto”
(Raúl González Tuñón).

Antes de comenzar, es necesario aclarar que, desde mi punto de vista, no existe el periodista independiente. O al menos no existe en el significado tradicional que se le suele dar al término “independiente” (según la Real Academia Española: “que no tiene dependencia, que no depende de otro”/ “que sostiene sus derechos u opiniones sin admitir intervención ajena”). La profesión de periodista, lamentablemente, dista mucho de estas acepciones.
En primer lugar, y aquí me sumerjo de lleno en la postura planteada, el periodista remunerado, es decir el profesional, forma parte de un entramado informacional, comercial e ideológico que limita sus prácticas imponiéndole lo que debe decir y la manera de hacerlo. Esto se evidencia en la forma en la que son tratados los acontecimientos. ¿Quiénes determinan que tal o cual acontecimiento merece ser noticia? El periodista es el que “limpia, pule y da esplendor” pero no es el primero ni el último en esta cadena de producción de la noticia. A menudo choca contra los intereses del medio para el que trabaja, pues es imposible estar siempre de acuerdo al mismo tiempo con los jefes, o con los amigos de los jefes, o con los auspiciantes de los jefes, o con un largo etcétera de personas, empresas u organismos que tienen como último eslabón de la cadena a los jefes. Es necesario que el periodista mantenga el equilibrio en esta suerte de cuerda floja que imponen los empleadores. Al menos si pretende conservar la fuente de trabajo. ¿Y qué periodista va a cometer el riesgo de hacerse despedir? Más teniendo en cuenta la gran cantidad de profesionales que esperan una oportunidad en los medios, muchos de los cuales carecen por completo de escrúpulos y están dispuestos a someterse a todo tipo de coerciones (ajenas y propias).
El riesgo es, entonces, perder el equilibrio. Y si esto sucede pueden pasar dos cosas: se pierde el empleo con dignidad (no faltarán quienes tilden este acto de ingenuidad) y entonces uno se va con la conciencia limpia y el consuelo de haber obrado con honestidad (las mismas voces que no creen en la dignidad se mofarán también de esto), le haya pesado a quien le haya pesado.
La otra cosa que puede pasar es lograr nuevamente el equilibrio a cambio de soltar lastre. Entonces lo primero que cae es la ética, luego los principios, después la dignidad y con ella los pantalones del periodista, aunque es aquí cuando ya no puede considerárselo como tal, sino otra cosa bien distinta.
Pero como aquí estoy hablando de los periodistas, quiero referirme a otra cuestión que los tiene como protagonistas y que también sirve de ejemplo para romper con el mito de la independencia: la creación de la actualidad. El verso de Raúl González Tuñón que elegí como epígrafe me va a ser útil para explicar cómo el periodista, de alguna manera, mata al presente para convertirlo en algo diferente, pero no por eso menos real. “Decir yo he conocido es decir: algo ha muerto”, afirmaba el gran poeta (que también fue un gran periodista) en su poema “La calle del agujero en la media”. Y es que algo “muere” de ese presente cuando el periodista toma contacto con él. Lo que “muere” es lo imprevisto, lo desconocido. Precisamente porque ya se ha entablado contacto, porque ya pasa a ser algo que se conoce y que hay que contar de una manera determinada, con un punto de vista determinado y desde un enfoque preestablecido. Es en ese momento que el presente se transforma en actualidad, es decir, en algo creado para ser comunicado con una intención definida, pensada de antemano, filtrada por los intereses del medio que la difunde. Estos últimos suelen estar emparentados con lo que el mercado y los receptores demandan y con lo que las relaciones de competencia imponen. Y no se pueden concebir a estos tres aspectos por separado, pues actúan con reciprocidad: los periodistas se concentrarán como manadas de lobos allí donde el presente ofrezca hechos susceptibles de convertirse en actualidad. Este movimiento en manada obedece a que no se puede no estar donde está la competencia, porque se corre el riego de que el receptor cambie de canal, o de frecuencia de radio, o compre otro diario que le “informe” sobre el hecho en cuestión. El resultado de esto es penoso. Pues el afán de los periodistas por buscar la primicia, lo novedoso, lo singular, contrasta con lo repetitivo y uniforme que ofrecen como actualidad. Todos están en el mismo lugar, mostrando lo mismo y hablando más o menos de lo mismo. Sin embargo, el presente gambetea los micrófonos y las cámaras y se escabulle del tumulto por entre las piernas de los periodistas. Y como el presente no se puede asir porque es escurridizo, imprevisible e inabarcable, surge un relato más modesto, presentable, vendible y, por esto, más pretenciosamente real: la actualidad.
Hay un cuarto factor, aún más determinante, en la transformación que el periodista hace del presente en actualidad: el tiempo. Por lo general asociado a la urgencia por conseguir la primicia y a la inmediatez con la que se la comunica. Y es justamente esta urgencia la que determina selecciones, presencias o ausencias. Recuerdo cómo, hace menos de dos meses, se instalaba como actualidad la erupción del volcán chileno Chaitén. Cientos de periodistas, pertenecientes a medios nacionales e internacionales, se amontonaron en la zona del conflicto. Todos hablaban del desastre natural: mostraban y describían los pesares de los pueblos sumergidos bajo la lluvia de cenizas, explicaban causas de la erupción, traían a colación otros antecedentes similares, entrevistaban a lugareños con la intención de conmover a los receptores. Daba la sensación de que los periodistas, gracias a sus corajudos reportes desde el lugar del hecho, eran los adalides de la valentía, la sensibilidad y el humanitarismo. Era menester estar porque todos estaban, también había que ser originales y mostrar siempre algo novedoso o, al menos, que tuviera pretensión de serlo y cupiese dentro del encuadre de las cámaras. La actualidad construida en torno a la erupción del volcán duró lo que duró la novedad. Cuando todo comenzó a tornarse repetitivo, monótono, los periodistas huyeron, más contentos que tristes por abandonar aquella zona inhóspita, y fueron a buscar la actualidad a otro lugar. El conflicto entre el gobierno y el campo les dio la excusa. Mientras tanto el presente está más presente que nunca en los pueblos afectados por el volcán, a ambos lados de la cordillera. Creo, sin embargo, que la noticia sólo quedó suspendida por un tiempo. En cualquier momento volverá al ruedo. Y con ella los periodistas, convertidos, una vez más, en los adalides de la valentía, la sensibilidad, el humanismo, etc.
Por todo esto, la metáfora del agujero en la media tal vez sintetice la situación actual del periodismo: algo roto que, sin embargo, no se percibe porque el calzado, el “envoltorio”, lo disimula. Rotura que está pero que no es evidente a simple vista. Agujero que denota desgaste, pobreza, carencias o, en última instancia, dejadez, pereza, desinterés, abandono, resignación.
Quizá una forma de ganar independencia intelectual y espiritual (decir económica sería por demás utópico), sea instar a la reflexión sobre la situación actual de la profesión y, por qué no, instar a la reinvención de una práctica en la que no haya que venderle el alma al diablo para poder ejercerla, una práctica en la que no haya que someterse a los intereses que atentan contra la credibilidad, contra la confianza de los receptores.
En algún momento el agujero en la media quedará expuesto. Y cuando eso ocurra no habrá excusas que eviten la vergüenza. Tal vez, a juzgar por lo descrito más arriba, todo esto ya esté pasando, aunque todavía estamos a tiempo de dignificar la profesión.
Zurcir lo descosido, remendar lo que se rompió, puede ser un buen comienzo.

jueves, 8 de mayo de 2008

Cenizas si, campo no.

por Raúl Nicolás Fernández


Lo dicho: los habitantes de Buenos Aires somos unos miedosos (por no decir cagones). Apenas asomaron las cenizas por estos lados ya nos pusimos a temblar. Por supuesto que los medios de comunicación también contribuyen con su granito de arena para incentivar la paranoia colectiva. Pero lo cierto es que acá la situación no es tan grave. Queremos pensar que la situación no va a ser tan grave. Porque no va a pasar nada ¿verdad?.

Ah, otra cosita: ¿por qué se habla tan poco del nuevo paro del campo? Nadie dijo por qué no se llegó a un acuerdo con el gobierno. ¿Qué rol tiene el nuevo Ministro de Economía en este conflicto? ¿Por qué no hace declaraciones?

Parece que las cenizas llegaron para instalar en la opinión pública un manto más espeso del que ya había. Tiene razón Andrés Ciro, cantante de Los Piojos:"desde lejos no se ve". De cerca tampoco.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Y nosotros nos quejábamos del humo...

por Raúl Nicolás Fernández


foto: Alfredo Leiva (extraída de La Nación.com)



Ya nadie se acuerda del humo en Buenos Aires teniendo en cuenta la situación que vive la ciudad de Esquel y sus alrededores, cubierta desde hace días por una lluvia incesante de cenizas provocada por la erupción del volcan chileno Chaitén.
Acá todo era humo. En Esquel todo es ceniza. ¿Cuántos de nosotros se hubieran suicidado ante el panorama que les toca vivir hoy a los pobladores patagónicos? Los habitantes bonaerenses somos proclives a la intolerancia y al estado de pánico. Inclusive ante factores climáticos o naturales. El hombre del mal llamado "interior" del país ( siguiendo siempre esta visión "buenosairescéntrica" que tan bien nos hace sentir) es más sabio ante circunstancias de este tipo. Vive el acontecimiento de otra manera, sin tanto dramatismo. Con esto no digo que se quede dormido en los laureles, sino que no entra en estado de paranoia. Busca solucionar el problema, si es que está a su alcance hacerlo, sino espera.
La gente de Esquel no puede hacer nada ante la furia del volcán, sólo esperar a que se calme. Mientras tanto la ceniza lo invade todo, excepto su capacidad de razonar. Una vez más, tendremos que aprender de nuestros compatriotas "del interior". Me refiero a nosotros, los porteños o bonaerenses, que hasta hace unos días nos ahogábamos en un vaso de humo.

miércoles, 30 de abril de 2008

"Un salto a la modernidad"

por Raúl Nicolás Fernández

En su discurso de ayer, la señora Presidenta, Cristina Fernández, calificó como "un salto a la modernidad, una cuestión estratégica" a la construcción del "Tren de alta velocidad" (parece que queda mal llamarlo tren bala, suena grasa). Dicho discurso se dio en el marco de la adjudicación de la obra al consorcio Veloxia, liderado por la empresa francesa Alstom.
El gasto total de la obra oscila los 3.500 milones de dólares y, según la Presidenta, "comunicará al 60 por ciento de la población del país" y creará "miles de puestos de trabajo en forma directa e indirecta".
Hace unas horas la Coalición Cívica, con Elisa Carrió como portavoz, denunció irregularidades en la licitación pública, además de que se habrían modificado las cifras del costo de la inversión.
La polémica es grande y parece convenirle al gobierno para ocultar otros asuntos. Muchos "pichis" nos enganchamos en discutir lo que, a esta altura, parece indiscutible. Porque el gobierno hace rato que no somete a discusión pública (creo que no lo hizo nunca) los temas que, en un país democrático, deberían ser tratados por esta vía.
¿Acaso no es evidente que la mayor parte de la sociedad no está de acuerdo con la construcción de este tren?.
Parece contradictorio: este gobierno, tildado muchas veces de populista, últimamente no hace más que tomar medidas impopulares.
La fotografía que acompaña este texto refleja, en forma lapidaria, el estado actual de la mayor parte del sistema ferroviario argentino. Salvo algunas excepciones, los ciudadanos de a pie tienen que viajar día a día en máquinas como las de la imagen.
Amontonados, insultando al mundo cuando se cancelan los servicios, subiendo al siguiente tren que viene más lleno todavía, otra vez amontonados, expuestos al peligro de caerse del estribo, sudando a más no poder en verano, sufriendo el frío en invierno, mojándose dentro de los vagones si llueve, amontonados siempre.
Aún así, los habitantes de la provincia de Buenos Aires tienen la posibilidad de viajar en tren, o en lo que queda de ellos. En la mayoría de las provincias del país, el ferrocarril es un servicio que brilla por su ausencia. Causa indignación comprobar cómo infinidad de pueblos se fueron muriendo de a poco a partir de que el tren dejó de comunicarlos con los centros urbanos. Nuestro país está lleno de pueblos y de vías muertas.
Pero ahora nuestra presidenta está decidida a terminar con tantos años de inequidades, con tantos años de aislamiento y de privilegios para unos pocos. El Tren Bala les dará la posibilidad a los niños desnutridos de Córdoba, a los comegatos de Rosario y a los pibes chorros de Buenos Aires de ser todos uno, de salvar esas distancias (me refiero a la territoriales, no a las sociales) en cuestión de horas, al módico precio de $ 600 el pasaje. Porque este servicio es apto para todo público, o al menos de eso nos quieren convencer. Y ya no hablo de personas sumidas en la indigencia, hablo de trabajadores de clase baja y media baja, que son los que viajan todos los días como ganado. ¿Qué persona en su sano juicio va a pagar semejante suma para recorrer en tren Buenos aires -Córdoba?. Nadie que tenga dos dedos de frente va a dejar de hacer ese trayecto en avión, si es que su bolsillo se lo permite. Sino, se seguirá viajando en micro.
Que quede claro: el Tren Bala no nos sirve a los argentinos, le sirve a un puñado de "empresarios" que busca enriquecerse con nuestro dinero.
Recuerdo un capítulo de Los Simpsons en el que un estafador convence al Alcalde Diamante y a los vecinos de Springfield de construir un monorriel. Este chanta aparece porque el pueblo contaba con una reserva de dinero importante, la cual quería invertir en algo provechoso para todos. La cuestión es que el tren termina siendo un cacharro que, en su inauguración, pierde el control con todos los pasajeros a bordo. Homero, su conductor, logra detenerlo utilizando un ancla improvisada e incrustándola en una donna gigante, réplica de esas que tanto le gustan.
Trasladando esta historia a nuestro presente, la Presidenta,¿sería el alcalde Diamante? Y los vecinos de Springfield, ¿nosotros los argentinos? Esto último no, a nosotros no nos permiten opinar. Tampoco iría lo de invertir el dinero en algo para todos. Al estafador ya sabemos quién o quiénes lo representan. La comparación entre monorriel y Tren bala es obvia. Sólo me queda por saber quién será el que nos rescate del fracaso de este proyecto. Lamentablemente Homero es un dibujo, no cuenta. Aunque, pensándolo mejor, varios funcionarios también están dibujados, como Ricardo Jaime, el Secretario de Transporte. Él podría manejar el tren. Sinceramente, no creo que nos salve.


miércoles, 23 de abril de 2008

Sobre la rapiña en los accidentes de tránsito

por Raúl Nicolás Fernández

A nadie parece llamarle la atención que, tras un accidente de tránsito, algunas personas se apropien de las pertenencias de los malogrados conductores. Por lo general, se trata de gente que vive en las inmediaciones del lugar en donde se produjo el choque, aunque no suelen faltar automovilistas que, lejos de solidarizarse con los heridos, les roban todo lo que pueden para luego huir del lugar.

Esto es aún más terrible si se tiene en cuenta que en muchos casos hay víctimas fatales. Alcanza con ver las imágenes de los accidentes que se registraron en los últimos días para darse una idea de lo que ocurre.

Si los camiones vuelcan su carga, ya sea de alimentos, electrodomésticos o pañales, por mencionar algunos ejemplos, es cantado que al rato va a haber en el lugar decenas de personas que, al igual que buitres, tratarán de rapiñar todo lo que puedan. No importa si el conductor murió en el accidente o si hay más muertos desperdigados en la ruta. Lo importante es llevarse algo.

"Los tipos del choque se mataron"."Las mercaderías están aseguradas". "La policía no controla". "Qué le vamos a hacer". "La necesidad tiene cara de hereje".

Todos parecen conformarse con estas sentencias. Las categorías de pensamiento que se suelen manejar en estos casos no dejan lugar a ningún sentimiento humanitario: "Primero lo primero".

Me acuerdo que en Semana Santa, creo que en Sante Fe, aunque para el caso no importa el lugar , un camión volcó sobre un puente y la mayor parte de su carga fue a dar a un arroyo. Llevaba televisores y otros artefactos electrónicos. Recuerdo también que me shockeó ver que instantes después del accidente, en el que murió el conductor, algunos lugareños en botes trataban de "pescar" parte de la carga. Por supuesto que los aparatos quedaron inservibles por la acción del agua. Pero igual se los llevaron, por el sólo hecho de que estaban ahí, tirados, perdiendo su condición de propiedad privada.

Me apena pensar que los argentinos estamos cada vez más insensibles. Ya no nos conmueve nada. Ni siquiera la muerte trágica del otro. Algo debe cambiar. Cualquiera de nosotros puede sufrir un accidente en la ruta.

Si alguna vez me ocurre, y si alguien se acerca a robarme la billetera, el celular o el estéreo, ojalá que, al menos, tenga la delicadeza de llamar a una ambulancia.

sábado, 19 de abril de 2008

Transmitiendo desde la ciudad del humo

por Raúl Nicolás Fernández



Fue complicado llegar a la radio hoy. Una niebla espesa cubría el aire. El sol ya estaba allá alto hacía un buen rato. Sin embargo, a las diez y media de la mañana, todavía, una niebla espesa cubría el aire.
Es rara esta niebla. No conozco Londres, pero nunca tuve tanto la sensación de estar allí como ahora, en pleno otoño, en plena Buenos Aires.
Algunos dicen que la niebla, en realidad, es humo. Y algo de cierto debe haber porque todo huele a humo. La ropa. La casa. La piel. El aire. Todo es humo.
Entonces llega la parte en que uno comienza a ver la realidad a través del humo: la tregua entre el campo y el gobierno es humo. Los índices del INDEC son humo. Los partidos opositores son humo.
Lo grave de esto es que los casos antes mencionados ya eran considerados humaredas importantes antes del humo que nos envuelve, que no nos deja mirarnos las caras con nitidez, los gestos, las intenciones.
¿Qué nos impedía ver antes del humo? ¿Por qué estamos tan alterados con él, acaso no nos acompaña desde hace décadas? ¿O será que ya no tenemos más lugar para guardar todo el que se nos vendió y decidimos sacarlo de una buena vez a la calle?
A veces pienso que los argentinos estamos hechos de humo. Y que nos estamos esfumando de a poquito. Así, sin pena ni gloria, pero intentando llamar la atención de todos, como buenos argentinos que somos.
Fue complicado llegar a la radio hoy. El tránsito, con el humo, es un caos. Accidentes por imprudencias. Ladrones que aprovechan las circunstancias para asaltar a los distraídos. Y por allá uno que es atropellado intentando escapar de un robo. Más acá un auto que se convierte en el jamón del sándwich cuyo pan forman dos camiones. Todo es así. ¿Cuándo se irá este maldito humo para que volvamos a manejar en forma prudente?. Porque no hay dudas, los accidentes suceden por el humo, ¿no?.
En un momento se me ocurrió poner de cortina del programa "Smoke on te wather", de Deep Purple. Menos mal que no se pudo por problemas técnicos. Bah, no se pudo bajar del Ares. ¿Seremos los únicos que usamos el Ares? De todas formas me hubiera arrepentido de usar ese tema, tanta obviedad empalaga.
Después hablamos de todo un poco. Porque eso sí hacemos bien. Hablamos y hablamos. A veces de cosas importantes, con sentido. A veces.
Recién caigo en la cuenta de que el programa de hoy no fue diferente a los otros. Vendimos humo. ¿Qué otra cosa podíamos hacer?.


viernes, 11 de abril de 2008

Sobre la ética en la relación del periodismo con el poder

por Raúl Nicolás Fernández


Riszard Kapuscinski, el gran periodista polaco fallecido el año pasado, afirmaba que lo ideal es ser lo más independiente posible, pero que existen presiones, tanto de los editores como de los intereses que representa el medio para el que el periodista trabaja. Todo esto se agrava si, además, las libertades de expresión están restringidas por el Estado a través de una censura oficial.
El problema ético, desde mi punto de vista, tiene que ver con la credibilidad de cierto sector del periodismo, identificado con las premisas de los gobiernos de turno. ¿Hasta qué punto son creíbles? ¿Cuánto tiempo debe pasar para que dejen de serlo?
Kapuscinski afirmaba que las cosas fluctúan, cambian en pocos años. Entonces, una vez terminado tal o cual gobierno al que algunos periodistas defendían a ultranza, ¿pueden estos ser tomados en cuenta por la opinión pública? ¿El periodista queda “pegado” para toda su carrera, luego de demostrar abiertamente su adhesión, al gobierno de turno?
Si bien en nuestro país no existe censura (al menos en el sentido tradicional del término), el gobierno actual, desde que asumió el poder, mantiene con la prensa una relación polar: reconoce y recompensa, en concepto de pauta publicitaria oficial, a determinados medios, y a otros no les concede notas, ni mucho menos la mencionada pauta publicitaria oficial. En este sentido, son notorios los casos de Página/12 y de Perfil. Uno por ser ultraoficialista y recibir una buena parte de la llamada torta publicitaria oficial, y otro por ser aborrecido por el actual gobierno, debido a su carácter opositor.
Otro medio que puede ser considerado opositor es el diario Crítica de la Argentina, dirigido por Jorge Lanata, quien no volvió a tener un espacio en la televisión, ni abierta ni por cable, desde que el kirchnerismo está en el poder. Dicho medio publicó, el sábado 5 de abril, una nota referida al discurso en el que la Presidenta acusa a cierto sector de la prensa de “priorizar las informaciones negativas”. Crítica de la Argentina superpuso a estas declaraciones de Cristina Fernández que “… en Buenos Aires, los medios de Daniel Hadad, el canal de televisión C5N, las radios Mega y 10 y la página web Infobae.com reproducen sin fisuras el discurso oficial.”
En la editorial que acompaña esta nota, el mismo Lanata afirma que “la gran mayoría de los medios nacionales y locales reciben una extorsiva pauta oficial que el gobierno se encarga de recordarles ante la menor disidencia”. Y continúa más adelante: “El que no está de acuerdo es un traidor o –como se dijo durante la guerra gaucha- un golpista. Cuando los gobiernos se pelean con los medios se están peleando, en verdad, con el espejo. No les gusta lo que se ve de ellos mismos. Y deciden romper el espejo.”
Al margen de estar o no de acuerdo con una parte u otra, me resulta interesante analizar cómo el periodismo se divide en uno u otro bando. El problema, para mí, tiene que ver con aquellos que se alinean con el gobierno por intereses que exceden lo periodístico, defendiendo ideas de las que no están del todo convencidos y por las cuales, creo yo, la opinión pública les pasará factura tarde o temprano.
Kapuscinski afirmaba, también, que “nuestros lectores, oyentes, telespectadores, son personas muy justas, que reconocen enseguida la calidad de nuestro trabajo y, con la misma rapidez, empiezan a asociarla con nuestro nombre; saben que de ese nombre van a recibir un buen producto.” Yo, humildemente, sostengo que así como de determinados nombres se reciben buenos productos, la gente asocia a otros nombres con la hipocresía y el periodismo mercenario. Sobran ejemplos de épocas pasadas, como Mariano Grondona y Bernardo Neustadt, asociados con las ideologías promilitares. O el caso de Eduardo Feinmann y Daniel Hadad, identificados plenamente con el menemismo. Habrá que ver cuáles nombres se asociarán, en el futuro, con el gobierno actual y qué credibilidad tendrán en las próximas generaciones de argentinos.

lunes, 24 de marzo de 2008

Feria La Salada: precios bajos, alta suciedad.

por Raúl Nicolás Fernández

Ubicada en los márgenes del Riachuelo, en la periferia del partido de Lomas de Zamora, La Salada no sólo es una feria. Es también un fenómeno masivo que reune alrededor de 20.000 personas, que emplea a más de 6.000 y que factura muchos millones de pesos por semana.
Según el diario La Nación del 21 de enero de 2007, La Salada fue identificada por la Unión Europea como "un emblema mundial del comercio y la producción de mercadería falsificada".
Con sólo teclear tres palabras (Feria La Salada), el buscador Google arroja un resultado de 128.000 sitios, entre los que se destacan avisos de venta de puesteros, artículos periodísticos, preguntas en diversos foros acerca de si alguien conoce la feria, etc. En búsquedas relacionadas aparecen tres links: ubicación de la feria, mapa de la feria y la página web del galpón conocido como Punta Mogotes, uno de los más tradicionales de La Salada. Lo que se dice un negocio que no deja cuestiones libradas al azar.
O sí. Porque la feria no se agota en los inmensos galpones donde antiguamente funcionaban balnearios inaugurados por Perón, sino que también incluye a los cientos de puestos que se fueron organizando a la vera del río, en plena calle, y que hoy ocupan más de quince cuadras. Es más, hay mañanas, como la del jueves último, en las que sólo están los puesteros de la calle, ya que los galpones permanecen abiertos durante la noche y luego cierran. En mañanas así, es mejor no acercarse a la feria, pues es tal la mugre y el olor nauseabundo que se respira que dan ganas de vomitar. La cantidad de desechos, que se amontonan entre puesto y puesto, refleja la actividad intensa de la noche. Envoltorios, bolsas de nylon y cartones, conviven con botellas vacías y bandejas con restos de comida. Evidentemente, muchos han cenado mientras recorrían los puestos.
No hay tachos de basura, todo está tirado en la calle. La gente recorre la feria esquivando charcos de ¿agua? y desperdicios de todo tipo. Muchos se tapan la boca y la nariz con un pañuelo a modo de improvisado barbijo. Es inhumano. Sin embargo, la gran mayoría completa su paseo. Nadie se va hasta que no haya comprado todo lo que necesita o hasta que ya no tenga más dinero. Quizá sea por eso que a ningún puestero le preocupe la higiene del lugar. Saben que de todas maneras el nivel de ventas no decrecerá. O tal vez ya estén acostumbrados (o resignados) a convivir con la mugre. Es obvio que el municipio no les permite estar gratis allí. También lo es que ninguna autoridad municipal mueve un dedo para contrarrestar los focos infecciosos que se generan día tras día en la feria y que sus visitantes desparraman no sólo en toda la provincia, sino también en el resto del país.
Retomo entonces, y corrijo, la idea anterior: la Salada es un negocio que deja cuestiones libradas al azar. A no ser que la higiene del lugar y la salud de vendedores y clientes no estén contempladas dentro de los márgenes de ganancias.

jueves, 20 de marzo de 2008

I.O.M.A. Almirante Brown: el futuro no llegó.

por Raúl Nicolás Fernández
Como ocurre siempre a principios de año, miles de docentes y otros empleados estatales de diferentes sectores deben concurrir a las oficinas del I.O.M.A. (Instituto de obra médico asistencial) para renovar sus carnets de afiliados. El trámite en sí es simple, o al menos debería serlo. O al menos no lo es en la delegación correspondiente al partido de Almirante Brown, ubicado en la calle Bynon 1535, de la localidad de Adrogué.

Es lamentable ver el estado de abandono en el que trabajan los empleados de esta obra social. En la sala, de aproximadamente 12 metros cuadrados, las computadoras brillan por su ausencia. Lo único allí que “huele” a tecnología fresca son los ringtones que ostentan en sus celulares los empleados, que dejan sonar hasta el cansancio para finalmente atender, y conversar hasta el cansancio (de la gente que espera).

Ficheros antiquísimos decoran el ambiente. Buscar los datos de alguien puede ser una tarea que demore minutos interminables. Pero la desidia no termina ahí: la gente va llegando y forma una fila cada vez más larga. Es mediodía y hace mucho calor. Algunos empleados se levantan de sus puestos y se van con total naturalidad. De las ocho sillas que forman parte del mobiliario de los administrativos, sólo dos están ocupadas. Seis personas más deberían estar cumpliendo su horario de trabajo.

Los únicos dos empleados que quedan no dan abasto con tanta gente y lo saben. Entonces buscan legajos, firman y sellan carnets con una parsimonia indignante. Interrumpen a cada rato el trámite del afiliado que están atendiendo para responder a otros que van llegando siempre las mismas preguntas: ¿qué requisitos hacen falta para renovar el carnet?, ¿es necesario el último recibo de sueldo?, ¿si tengo carnet verde que tengo que traer?, ¿y si tengo el azul?. Evidentemente, a nadie se le ocurrió colocar un cartel en la entrada que aclare todas estas cuestiones. O tal vez sí. Pero, ¿a quién le correspondería escribirlo? No vaya a ser que trabajen de más.

Así que ya lo sabe. Si usted quiere hacer un viaje al pasado y conocer cómo funcionaba la burocracia argentina en la década del ´50, no hace falta que manipule ninguna extraña máquina del tiempo, o que se teletransporte como el personaje oriental de la serie Héroes. Sólo acérquese a la delegación que el I.O.M.A. tiene en Almirante Brown. Eso sí, vaya con paciencia.

martes, 11 de marzo de 2008

Cartoneros: una denuncia en sí misma

por Raúl Nicolás Fernández

Que el tema de los cartoneros está instalado en la sociedad ya no es noticia. Desde la crisis del 2001 vemos cómo año tras año aumentan en número al mismo tiempo que disminuye la tolerancia de determinados sectores influenciados, muchas veces, por la versión fragmentada y parcial que ofrecen ciertos medios de comunicación.
Por estos días se vive una especie de tolerancia cero hacia los cartoneros impulsada por el ahora jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri. El conflicto se desato a raíz del desalojo de 50 familias de cartoneros que se habían instalado en la calle Pampa y las vías del Ferrocarril Mitre.
Pero el conflicto no sólo afecta a la ciudad de Bs. As. sino también al conurbano bonaerense.
La agenda política parece estar más interesada en buscar la mejor manera de ocultar a los cartoneros que en solucionar el problema de fondo, que es la integración y el blanqueamiento de miles de personas al sistema formal de recolección de residuos.
Según el censo Nacional del año 2001, el partido de Lomas de Zamora alberga unos 600.000 habitantes. Según mediciones de la Dirección Provincial de Estadísticas, de junio de 2007, habitan en el distrito unas 620.000 personas. Estadísticas no oficiales revelan que 800.000 personas viven en el partido. Según datos oficiales, el 10 por ciento de la población de cada distrito tiene como medio de vida el cirujeo. En Lomas de Zamora estamos hablando de 62.000 o de 80.000 personas, según sea el relevo, que se dedican a hurgar en la basura ajena.
La Cooperativa Nuevo Rumbo nuclea alrededor de 2000 cartoneros de la zona y pudo encontrarle una vuelta de tuerca a la cuestión. José Pepe Córdoba está al frente de la cooperativa desde su creación, a mediados de 2000, meses antes de que se desatase en nuestro país una de las crisis económicas y sociales más terribles de su historia.
Como si fuera una paradoja funesta, a medida que la crisis se intensificaba y quedaban cada vez más personas en a calle, Nuevo Rumbo engrosaba sus filas. Hoy es una cooperativa modelo en la zona e incluso llegó a despertar el interés de capitales extranjeros: una cooperativana italiana financió la adquisición de un camión, una prensadora y un elevador.
En la entrevista telefónica que le otorgó a Medio en serio, José Córdoba resaltó la importancia que tiene para ellos recolectar residuos de forma segura e higiénica. Para facilitar esta labor, pusieron en uso un compactador de botellas de plástico, un triturador de vidrios y un dispositivo para lavar envases retornables.
Otro beneficio para los cartoneros lomenses es que la cooperativa les paga alrededor de un 50% más que los intermediarios tradicionales.
Nuevo Rumbo es un ejemplo entre otros de cómo se puede integrar y dar sentido de pertenencia a personas que han quedado marginadas del sistema. Los municipios deberían apoyar estas iniciativas en vez de obstaculizarlas.
La realidad indica que los cartoneros llegaron para quedarse, al menos, por un tiempo largo. Ningunearlos o, en el peor de los casos, hecharles encima el poder del Estado para desalojarlos de un lugar para que luego se instalen en otro, no va a solucionar el problema.
No encontré mejor cierre para esta editorial que las declaraciones que hizo a la revista Veintitrés Alejandro Tiscornia, el vecino de Belgrano que fue preso por defender a los cartoneros: "... los cartoneros están ahí, marchan todos los días por la ciudad de Buenos aires hace siete años. Verlos es una denuncia en sí misma".